Marketing de productos tecnológicos, así nos seducen los fabricantes.

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Marketing de productos tecnológicos, así nos seducen los fabricantes.

Dentro de la categoría de productos tecnológicos, no existe un dispositivo más popular que los Smartphones. La gran pregunta que casi todo consumidor se hace a la hora de adquirir productos tecnológicos es¿Qué modelo compro?

Se trata de algo muy frecuente entre los consumidores, sobre todo si se tiene en cuenta que en el sector digital los productos y la tecnología son tan cambiantes que resulta difícil para el usuario mantenerse informado.

En este sentido, un dato interesante es que el 80% de la población adulta española dispone ya de un Smartphone mientras que el usuario medio es en gran medida ignorante tecnológico. Se da entonces una mezcla interesante entre intención de compra y desconocimiento del producto, la cual traducida al lenguaje empresarial significa beneficio.

¿Cómo se decide la compra de productos tecnológicos?

Cuando un consumidor desconoce el producto que desea adquirir, al realizar una compra de alta implicación existen dos recorridos:

  1. Consumidor racional: Se Informa de las características que definen la calidad del producto que desea adquirir con el propósito de realizar una buena compra.
  1. Consumidor emocional: Es leal y recurre a marcas conocidas, de prestigio o que le resultan atractivas con la intención de adquirir productos que son exitosos y por tanto, se presupone, de calidad.

El problema en este caso es que dado que el consumidor no sabe en que basar su decisión, los fabricantes deciden cuáles son los atributos en los que debe fijarse para no errar en su compra.

Apple se encuentra un paso por delante, no necesita atributos diferenciadores. Recurre al precio como garante de calidad, práctica extendida para convencer a consumidores ignorantes y de paso maximizar beneficios.

Esta situación se está invirtiendo a medida que el consumidor medio se vuelve más conocedor de los productos tecnológicos y aprende a valorarlos.

El caballo de batalla de los Smartphone, la cámara de fotos

Este es un ejemplo que evidencia el desconocimiento tecnológico de la sociedad española. Han pasado alrededor de 15 años desde que los teléfonos móviles comenzasen a integrar cámaras de fotos, lo que supuso un avance tecnológico significativo y se utilizó como un elemento diferenciador en los nuevos móviles.

Lo que quizás no sabían por aquel entonces los fabricantes de teléfonos móviles es que habían hecho una gran inversión de futuro que condicionaría al consumidor. Los usuarios ignorantes necesitan un sistema fácil para valorar la calidad de un producto complejo, y las empresas se lo ofrecieron con los Megapíxeles de la cámara del móvil, un aliado perfecto.

Una búsqueda rápida en Google revela que la cámara de fotos sigue siendo uno de los principales, cuando no el principal atributo, que buscan los consumidores para valorar y decidir que Smartphone comprar. Por supuesto, el uso de publicidad entre las empresas para dar visibilidad a las características de la cámara confirman la sospecha.

La realidad es que un mayor número de píxeles en una fotografía no implica mayor calidad en la imagen y que para llegar a apreciar la diferencia de calidad entre 5 y 20 megapíxeles habría que imprimir la fotografía en gran formato. Si se desea hacer este uso de las fotografías, o un uso profesional, lo conveniente sería comprar o alquilar una cámara fotográfica.

Los Gigahercios, caballo grande ande o no ande

Con la llegada de los primeros ordenadores, los consumidores se encontraron ante un producto totalmente desconocido. Sin poder contar con Internet o con la opinión de conocidos, valorar la calidad de un ordenador se hacía imposible. Los fabricantes ofrecieron entonces la frecuencia del procesador para ayudar a los consumidores a elegir. A mayor frecuencia, mejor. Simple y efectivo.

La simplicidad del mensaje siempre ha sido una de las claves de la publicidad. Cuanto más simple y fácil de entender, mejor. Los consumidores siempre quieren lo mejor aunque no sepan por qué, ni para qué.