La mitad de las campañas con influencers en España son un fraude

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La era digital ha engendrado multitud de nuevas profesiones como community managers, youtubers o influencers. Estos últimos resultan especialmente atractivos para las marcas, que cada vez apuestan más por implementar campañas de influencer marketing. Pero… ¿realmente son efectivas o no es oro todo lo que reluce?

Influencers: no todo son los likes

Sin duda, el marketing de influencers es una de las tendencias digitales más potentes de los últimos años. El filón que aprecian las empresas es tener la posibilidad de llegar a su target a través de personajes populares, influyentes y que gozan de credibilidad en determinadas temáticas. Es decir, las marcas buscan que los influencers se conviertan en prescriptores de sus productos y motiven a sus comunidades digitales a adquirirlos.

Por desgracia, al contratar a un influencer para una acción publicitaria todavía se sigue valorando demasiado el número de seguidores y likes. Cuanto mayores son estas cifras, más atractivo resulta el influencer para las marcas, dejando de lado otras métricas relevantes como el engagement real (o, dicho en otras palabras, la interacción que consigue el influencer con los usuarios).

De nada sirve tener comunidades de millones de seguidores si esos usuarios son poco activos, no relevantes para la marca en cuestión o, peor aún, comprados. Porque este es precisamente el principal problema de esta industria: la estafa.

El fraude en el influencer marketing

Este año se han invertido más de 35 millones de euros en campañas con influencers en España, un 400% más que en 2017. Así lo revela un estudio de H2H, agencia especializada en influencer marketing, en el que se han analizado perfiles de 350 influencers españoles.

Desgraciadamente, los datos no son demasiado halagüeños… Por ejemplo, el informe revela que 1 de cada 5 likes es comprado. De la misma forma, casi un 30% de los seguidores de los influencers no tiene valor comercial real para las marcas. Muchos de ellos son cuentas fantasmas, bots o perfiles pertenecientes a grupos de apoyo.

El fraude es una problemática muy presente en el sector y se estima que una de cada dos campañas con influencers es una estafa. Un fraude que ha costado en nuestro país 12 millones de euros en 2018.

Pero no todo es negativo…

A pesar del mal sabor de boca que pueden dejar estos datos, el futuro no es tan oscuro como parece. Es cierto que algunos influencers incurren en malas prácticas y disfrazan sus estadísticas en redes sociales, pero hay muchos otros que sí son honestos y se toman su profesión en serio.

Además, las marcas cada vez son más conscientes de esta realidad y apuestan por influencers efectivos y reales. De hecho, se ha abierto un nicho de mercado interesante, los microinfluencers, perfiles con comunidades más pequeñas pero muy activas.

Habrá que esperar para ver cómo evoluciona esta tendencia y qué medidas se toman en la industria para frenar el fraude y regular una profesión tan nueva como polémica.