Cómo seguir siendo un turista de los años 60 en Córdoba

De lo que vamos a hablar a continuación no es más que de la experiencia personal de un turista que pasa un fin de semana en Córdoba, no tiene mayor pretensión, dado que estadisticamente este turista no es representativo de nada… Sin embargo, esta experiencia personal aporta un granit0 de arena dentro del mundo social, que se rige más por los criterios de la ley de grandes números y el ruido, en definitiva.

Además, esta semana comienza el 2º foro de medios de pago organizado por ADigital y el ejemplo Córdoba, debería servir para interiorizar por parte del sector digital cuáles son las verdaderas barreras para el afianzamiento de tecnologías de pago.

Al grano, este fin de semana ha tocado visitar Córdoba. Una gran ciudad. La mezquita impresionante, la compra de entradas, offline y sólo en efectivo. El precio de la entrada 8€. El pago en restaurantes obligatoriamente en efectivo -salvo en uno, La Flamenka, muy recomendable por cierto-.

En el último, una taberna, una factura de 30€, el dueño nos comentaba, muy amable por otro lado, que le parecía raro nos sorprendieramos por no poder pagar con tarjeta, dado que en Córdoba “la mayoría de los sitios del centro sólo aceptan efectivo”. Probablemente en todo Córdoba acepten tarjeta salvo allí donde estuvimos, y fue mala suerte… no sé.

Lo que es seguro es que esto no forma parte de ninguna idiosincrasia, ni nada que no sea salvable. Seguramente esa resistencia del pequeño empresario responde a una conclusión racional sobre el coste de oportunidad y las comisiones bancarias y de pago. Y en la implementación de formas de pago virtuales-wallet-móviles.

Y nos parece que eran ciencia ficción o de uso anecdótico dentro de la realidad comercial de Córdoba -que por otro lado no es mucho más distinta que la de Madrid -. Y sospechamos que las barreras vuelven a ser las comisiones de intermediación y la ausencia de iniciativa institucional para promover la digitalización de ciudades y su red de comercios y organismos.

Donde seguro no están las barreras son en las/los cordobesas/es y sus pequeños empresarios. Justo en el momento en que pensábamos esto, la dueña del pequeño hotel en el que nos encontrábamos, una señora de unos 60 años, nos pedía con una sonrisa que si todo nos había parecido correcto, escribiríamos una buena recomendación en booking.com.

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